Ayuntamiento y comerciantes del Ingeniero Torroja acuerdan la no celebración de “Tosantos”

El teniente de alcalde delegado de Mercados, Sergio Pelayo, ha mantenido
una reunión con el presidente del Mercado Ingeniero Torroja, Fernando García, para
alcanzar un acuerdo consensuado en torno a la tradicional Noche de Tosantos en la
víspera de la festividad del Día de Todos los Santos.

Pelayo ha explicado que “dada la gran cantidad de personas que
tradicionalmente se reúnen en torno al Mercado durante la tarde-noche del día 31 de
octubre y ante el peligro que ello supone por el riesgo sanitario provocado por el
coronavirus, Ayuntamiento y asociación acordaron la no celebración de esta jornada
tal y como es tradición en nuestra ciuda”·.

Además, ha destacado que “Tosantos es una de las señas de identidad de la
ciudad de Algeciras, destacó Pelayo, y por lo tanto estamos trabajando para que, si
bien no habrá una celebración multitudinaria como todos los años, sí haya un
homenaje a esa jornada festiva en los puestos del mercado, de tal manera que los
algecireños podrán comprar durante la mañana del sábado 31 los típicos productos
de temporada que tradicionalmente se venden en esa fecha”.

Como ha explicado el delegado “la tradición de los “Tosantos” en Algeciras, al
igual que en muchos otros pueblos de Andalucía, está estrechamente ligada a la
celebración de la festividad de Todos los Santos, que se celebra el 1 de noviembre.
Dichodía, los protagonistas son los cementerios, y quienes reposan en ellos. Como
la jornada es de recuerdo y recogimiento, el día antes se tomaba como de fiesta o
tradicional, y como paso del Solsticio de verano al de invierno. El objetivo era
mostrar a los ciudadanos para su venta los productos típicos de esta temporada,
caso de los frutos secos, caña de azúcar o “cañadú”, chirimoyas, castañas o
boniatos, una vez finalizada la cosecha de los mismos”.

En este sentido, ha explicado que “en Algeciras, este mercado se instala a finales
del siglo XVIII y principios del XIX en la zona que hoy conocemos como calle
Castelar, que era la de más fácil acceso para acercar los productos procedentes de
las huertas que se ubicaban junto al Río de La Miel. Muchos de los productos que
se ponían a la venta procedían de fuera de la ciudad, puesto que no se cultivaban
aquí, por lo que los ciudadanos acudían en gran número atraídos por esas
mercancías que no encontraban de manera habitual. Con el paso de los años, la
tradición no sólo se mantuvo, sino que fue creciendo y transmitiéndose de padres a
hijos, generación tras generación, y hoy en día, la visita al mercado de abastos en la
tarde noche del 31 de octubre sigue siendo de obligado cumplimiento para miles de
algecireños”.

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